Sant Boi de Llobregat

La primavera de los años 20 qué cambió nuestras vidas

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Artículo de la Secretaria de Organización del PSC de Sant Boi, Laura Solís.

La primavera de los años 20 cambiará el curso de la historia, de la vida colectiva y de la vida individual. La estación del renacimiento nos ha obligado a ermitar y sumergirnos en un letargo obligatorio que nos impide ver el sol, sentir en nuestra piel la brisa marina, disfrutar de compañía.

En pocos días nuestra cotidianidad se ha transformado. Esas agendas repletas de acontecimientos, encuentros y citas, han sido pospuestas sine die en el calendario. De repente algo tan sencillo como pasear, como caminar por nuestras calles ha quedado relegado a unos pocos, a aquellas personas esenciales que salvaran nuestra sociedad. Ya no vamos a la oficina, ni al gimnasio, ni a tomar una copa. Chronos juega con las manillas del reloj, dibujando un nuevo tempus.

Esas personas esenciales representan los pilares de nuestra comunidad, sin ellos y ellas la salud, la limpieza o los alimentos, las verdaderas necesidades básicas no las tendríamos cubiertas. Y es que el sistema capitalista nos escribió su lista de prioridades, nos puso una venda en los ojos y una tarjeta de crédito en la mano. Nos vacunó e inyectó individualismo, haciendo que nuestro ego se alimentará de posesiones, un ego insaciable.

Y ahora que el tiempo ya no es tiempo, que nuestros movimientos se dan en el pequeño habitáculo en el que nos han confinado, despertamos aquí, en este vientre materno donde poder reflexionar y tomar consciencia. En medio del miedo y la incertidumbre, se abre un rayo de esperanza en la humanidad. En afianzar nuestros lazos fraternos, en volver a la comunidad como núcleo familiar. Juntos y sosteniendo las manos de los más vulnerables, podemos construir una sociedad basada en valores socialistas humanistas, donde la justicia social y la libertad sean los cimientos de nuestras vidas.

En el hoy, este adverbio tan difuminado, nace la certidumbre de que otra forma de vivir y de relacionarnos es posible. Esta guerra biológica nos enseñará que la ausencia de abrazos cambiará el curso la historia.