Sant Boi de Llobregat

La trata. La esclavitud del siglo XXI.

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Artículo Lluïsa Moret, alcaldesa de Sant Boi.

El 23 de septiembre marca en el calendario la defensa de la dignidad y de los derechos humanos, el día Internacional contra la Explotación Sexual y la trata de personas. En pleno siglo XXI el tráfico y la comercialización de personas es una realidad que afecta y compete a todos los países, ya sea por ser el lugar de origen, tránsito o destinación. Es una lacra contra la que luchar desde todas las instituciones y de forma global.

Y es que cuando hablamos de trata hablamos de la esclavitud moderna. Una esclavitud que tiene rostro de mujeres y niñas. Las cifras lo reflejan el 71% aproximadamente de las víctimas registradas son mujeres y niñas, tal y como manifiestan El Moviment Democràtic de les Dones, entidad que lucha contra esta lacra conjuntamente con la Red de Municipios libres de trata de la que formamos parte y presidimos desde Sant Boi. Y el 93% de ellas son explotadas sexualmente, perpetuando así un sistema patriarcal liberal que se personifica en la prostitución. Son engañadas en sus países de origen, donde viven en situaciones vulnerables, se les promete una vida mejor para ellas y sus familias. Al llegar a los países destino adquieren una deuda, se les retiene el pasaporte, quedan indefensas ante sus opresores. Son mujeres y niñas a las que se les obliga a ejercer la prostitución, en casas, en prostíbulos o en las calles, donde son maltratadas y, en muchos casos, a consumir drogas para soportar horas y horas de esclavitud sexual.

Está situación infrahumana queda muy bien explicada en el documental de Mabel Lozano “El proxeneta. Paso corto, mala leche.”, donde nos relata el sufrimiento de las mujeres que han llegado a nuestro país. Estamos en contra de la trata sí, de la venta de personas, y en este punto llegamos a acuerdos con el resto de partidos.

Pero los y las socialistas vamos más allá: debemos abolir la prostitución. Blanquear la trata legalizando la prostitución no acabaría con el trafico de personas ni mejoraría la vida de las mujeres prostituidas (¿alguien se cree eso?), la seguridad y la impunidad del putero y el proxeneta aumentaría la demanda y lo que haría que la oferta tenga que ser mayor y más renovada, si quieren ser competitivos en el lucrativo negocio de la prostitución. No podemos defender su regularización y que se convierta en un trabajo más. No haremos a los proxenetas empresarios. No transmitiremos a nuestras hijas que la prostitución es una salida profesional o una opción para costear sus estudios. Ocurre, existen los ojeadores que transitan en las universidades, detectando que linda chica puede tener problemas para costearse los estudios, para ofrecerles pagarlos a cambio de acompañar a generosos puteros. Y es que la prostitución no es la profesión más antigua del mundo, es la opresión más antigua de la humanidad.

La prostitución en su gran mayoría está vinculada con la vulnerabilidad, pocos recursos y pobreza. Como decía Flora Tristan: “La prostitución es la más horrible de las aflicciones producidas por la distribución desigual de los bienes del mundo”. Debemos poner en el centro de nuestras políticas de igualdad a las mujeres prostituidas, ofreciéndoles recursos de forma integral (acceso a la vivienda, a la formación, al mundo laboral,…). No se trata de tutorizarlas, se trata de ofrecerles la oportunidad de una vida digna a la que han estado negadas por un sistema capitalista que discrimina por la procedencia, género y poder adquisitivo.

Por tanto, debemos garantizar la igualdad de oportunidades reales a las mujeres y una educación basada en la igualdad entre mujeres y hombres, con una formación sexual-afectiva igualitaria. Legislar contra las mafias y penalizar a los puteros. Sin clientes no hay prostitución. No debemos permitir que siga ocurriendo ni debemos permitir que a las mujeres nos consideren mercancía, qué cosifiquen nuestros cuerpos y qué generación tras generación continuemos manteniendo relaciones desiguales entre hombres y mujeres.

Erradicar la violencia machista no es un deber es una obligación. Porque las mujeres, porque las personas no estamos en venta.